1. Pacto Edénico
Y los bendijo diciendo: «Tengan muchos hijos para así poblar el mundo
y ejercer control sobre él: dominando a los peces del mar, a las aves del cielo
y a toda criatura que se arrastra por el suelo».
Génesis 1:28 – Palabra de Dios para Todos (PDT)
2. Pacto Adámico
Pondré
enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la de ella; su simiente te
aplastará la cabeza, pero tú le morderás el talón.»
Génesis 3:15 – Nueva Versión Internacional (NVI)
3. Pacto con Noé
«Hago este pacto con ustedes, sus
descendientes y todo ser viviente, con todas las aves y los animales salvajes y
domésticos que desembarcaron con ustedes.
Les prometo
a ustedes que nunca más usaré un diluvio para terminar con la raza humana y
nunca más habrá un diluvio que destruya la tierra»…
Luego Dios
le dijo a Noé: «Esa es la señal del pacto que tengo con toda vida en la tierra»
Génesis 9:9-11, 17 – Palabra de Dios para Todos (PDT)
4. Pacto con Abraham
Haré un pacto
entre tú y yo, y multiplicaré en gran número a tus descendientes.
Tu nombre ya
no será Abram sino Abraham ya que te haré padre de muchas naciones.
Es mi pacto que tú cumplirás. En esto
consiste mi pacto entre tú y yo, y tus descendientes a través de las
generaciones: Todo hombre entre ustedes debe ser circuncidado.
Circuncidará
la carne de su prepucio. Esa será la señal de que ustedes aceptan el pacto
entre ustedes y yo.
Génesis 12:2, 5, 10-11 – Palabra de Dios para Todos (PDT)
5. Pacto en el Sinaí
Vosotros
habéis visto lo que hice con los egipcios, y que os he traído a donde yo estoy
como si vinierais sobre las alas de un águila.
Así que, si
me obedecéis en todo y cumplís mi pacto,
seréis mi pueblo preferido entre todos los pueblos, pues toda la tierra me
pertenece.
Éxodo 19:4-5 – Dios Habla Hoy (DHH)
6. Pacto con Finees
Finees ha
hecho que se calme mi ira contra los israelitas, porque él ha tenido el mismo
celo que yo tengo por ellos. Por eso no me he dejado llevar del celo y no
terminé con ellos.
Dile, pues,
que yo hago con él un pacto de paz,
por el cual le entrego, a él y a sus descendientes, el sacerdocio para siempre,
porque tuvo celo por mí y obtuvo así el perdón para los israelitas.
Números 25:11-13 – Dios Habla Hoy (DHH)
7. Pacto con David
Tu casa y tu
reino durarán para siempre delante de mí; tu trono quedará establecido para
siempre.
2 Samuel 7:16 – Nueva
Versión Internacional (NVI)
8. Nuevo Pacto
El Señor
afirma: “Vendrá un día en que haré un
nuevo pacto con Israel y con Judá.
Jeremías 31:31 – Dios
Habla Hoy (DHH)
… esto es Mi
sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los
pecados.
Mateo 26:28 – Nueva
Biblia Latinoamericana de Hoy (NBLH)
PACTO
(heb.
berîth, "pacto", "convenio", "acuerdo"; gr.
diathek', "testamento", "decreto", "convenio",
"acuerdo", "pacto").
Término que
se usa en las Escrituras para los convenios entre hombre y hombre, y entre uno
o más hombres y Dios. Hablando en
general, "pacto" generalmente aparece en este último sentido. Los pactos antiguos eran de 2 clases: los que
se hacían entre iguales, y los que involucraban a un señor y un vasallo. En un pacto entre iguales había un acuerdo
mutuo acerca de las condiciones, los privilegios y las responsabilidades (Gn.
21:32; 26:28; etc.). En un pacto entre
un señor y un vasallo, un conquistador y los conquistados, entre un superior y
un inferior, el señor o el conquistador especificaba las condiciones, los
privilegios y las responsabilidades que competían a ambos pactantes, y el
vasallo o la nación subyugada se sometía a las condiciones que les eran
impuestas (2 S. 3:21; 5:3; etc.). Un
acuerdo semejante a éstos fue el que propuso Senaquerib a Ezequías (Is. 36:16,
17).
Sin embargo,
a través de las Escrituras el término "pacto" describe más comúnmente la
relación formal que existía entre Dios, por una parte, e Israel como el
pueblo escogido, por otra. Obviamente,
éste no era un pacto entre iguales, sino entre el Dios infinito y el hombre finito. El Señor mismo determinó las provisiones del
pacto, las dio a conocer a su pueblo y les dio la posibilidad de aceptarlo o
rechazarlo. Una vez ratificado, sin
embargo, se consideraba que era obligatorio tanto para Dios como para su
pueblo. En suma, abarcaba todo lo
necesario para que el plan de salvación fuera totalmente efectivo. Por su parte, Dios prometía bendecir a su
pueblo, darle en posesión la tierra de Canaán, revelarle su voluntad para
ellos, enviarles el Mesías y emplearlos como un instrumento escogido para
convertir al mundo. Por su parte, el
pueblo debía rendir obediencia implícita y cooperar con todos los requerimientos
de Dios.
En una forma
preliminar, este pacto fue hecho con Adán, en ocasión de la caída (Gn. 3:15), y
más tarde con Noé (9:12, 15, 16). Pero
llegó a ser plenamente efectivo por primera vez para Abrahán y su descendencia
( 1 2:1-3; 15:18; 17:1-7; etc.). Fue
ratificado formalmente en el Sinaí, cuando Israel como nación prometió cumplir
las demandas divinas y aceptó las promesas (Ex. 19:5-8; 24:3-8). Después de siglos de infidelidad a su
compromiso de cooperar con Dios, fue liberado del pacto y se le dejó ir en
cautividad como señal de que sus provisiones ya no estaban en vigencia (Jer.
11:1-16; Ez. 16; He. 8:9; etc.). Al
volver del cautiverio, Dios prometió hacer "un nuevo pacto con la casa de
Israel y con la casa de Judá" (Jer. 31:31-34). Al rechazar y crucificar a Cristo, el pueblo
judío renunció al pacto y fue rechazado como pueblo escogido de Dios (Mt.
21:43). Al mismo tiempo. Dios transfirió los privilegios y las
responsabilidades de la relación del pacto a su nuevo pueblo escogido: la
iglesia cristiana (Mt. 21:43; Gá. 3:29; He. 8:8-11; 1 P. 2:9, 10).
El autor de
Hebreos se refiere al pacto con el antiguo Israel como el "primer" pacto,
o "antiguo" pacto, y al que hizo con los cristianos como el
"segundo" o "nuevo" pacto (8:7, 13). Esencialmente, las provisiones, condiciones y
objetivos de los 2 pactos son idénticos.
La principal diferencia es que el "antiguo" fue hecho con
Israel como nación, mientras que el "nuevo" se hace con los creyentes
en Cristo en forma individual. Este
también es llamado el "eterno" (Gn. 17:13; He. 13:20). Se puso en operación en el Edén cuando el hombre
pecó, pero no fue ratificado hasta que la sangre de Cristo fue derramada en la
cruz (He. 13:20). El "antiguo"
fue ratificado en el Sinaí (Ex. 24:3-8); fue, en realidad, una disposición
temporaria para permitir que quienes estaban ligados por sus provisiones
pudieran entrar en los privilegios y las responsabilidades del pacto
"nuevo" o "eterno".

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